Breaking Bad: Review de la cuarta temporada

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¿Os acordáis de la serie de la que os hablé hace unos meses sobre la historia de un profesor de química que se mete a cocinero de cristal? Sí, Breaking Bad (en caso que no te suene ve abriendo una pestaña nueva para disfrutarla). Bueno, pues hace una semana y media terminó su cuarta temporada, y aquí me hallo para comentarla. ¡Cuidado, spoilers a saco!

Terminó la tercera con la mejor escena para dejarte helado, con Hank en cama y Walter y Jesse en la cuerda floja. Pues la cuarta no empezó muy diferente, ya que vimos al dúo protagonista atados en el laboratorio suplicando a Gus por sus vidas, que en su lugar mató a su mano derecha (para desfogarse, vaya).

A la cuarta le costó un poco empezar a rodar y vimos unos primeros capítulos algo lentos, en los que la emoción no estaba a los niveles a los que nos tienen acostumbrados. Vimos una rapidísima recuperación del agente Schroeder (milagrosa diría yo) y cómo vuelve al caso por el que había sufrido tanto tiempo. Las ganas que tiene Hank de coger a Heisenberg han sido uno de los pilares de esta temporada, ya que ha entrado en juego la ley, ésa que parecía que no existía hasta ahora, aunque sea de la mano de un agente de baja y en silla de ruedas. Sabe que tiene algo, lo intuye, y por eso no se da por vencido. De hecho, el único momento en el que lo habría podido dejar, apareció el enorme ego del señor White, que no pudo soportar que otros se llevaran sus méritos (secretos) y para su mala suerte (lo confirmaremos en la quinta) hizo retomar el caso con más fuerza que nunca.

Durante toda la temporada, hemos visto acercarse cada vez más el gato al ratón con la colaboración del mismo ratón disfrazado, para que el gato no lo encuentre. Vamos, un embrollo del que como era evidente, el ratón sacó muchos problemas, como un accidente de coche intencionado.

Otro de los temas capitales ha sido la relación siempre tortuosa entre el maestro y el aprendiz (¿o ya no?). El pequeño saltamontes está cansado de que lo infravaloren y de que sólo sirva para ser utilizado y Gus (G de genial) ve aquí una brecha por la que entrar y encargarse de Walt, quedándose con Jesse, ya que si se deshace de los dos, se puede ir olvidando de la blue meth. Aquí juega muy bien su papel el siempre servicial Mike acogiendo en su seno a Jesse y sorprendiéndose cuando ve que no es un estorbo, que puede hacer bien su trabajo y cada vez va ganando más responsabilidad hasta el punto de que le entrega una pistola estando delante del jefe. Confían en él y Jesse así lo siente, ve cómo Mr. White estaba equivocado y su relación se acaba rompiendo. Tal como Gus había planeado.

Cuanto más se acerca su compañero al enemigo, más teme Walt por su vida e intenta convencerlo de que no se pase al lado oscuro. Pero como suele hacer con Jesse, la caga y cada vez que intenta arreglar las cosas las termina empeorando, llegando a su cénit en la pelea llena de sentimientos frustrados, de egos, de secretos no confesados que marca un antes y un después en la relación.

Mientras todo esto pasa, tenemos a la nueva Skyler haciendo más que de la mujer del mafioso, controlando las ganancias y blanqueándolo gracias al lavacoches tan hábilmente comprado. Parece que le va bien hasta que aparece el tonto de Ted (¿a alguien le cae bien?) con su problema del IRS, lo que viene siendo Hacienda, con sus cuentas que no acaban de cuadrar. Sky se acojona porque todo su imperio saldrá a la luz como Ted no pague sus multas, pero al infractor parece no preocuparle demasiado esto y decide no pagarlo, aún cuando recibe la misteriosa donación de su tía abuela europea y Sky le cuenta el supuesto problema con el juego de su marido. Nada, que el tío es tonto y se compra un coche nuevo. ¿Solución? “¡Better call Saul!”. Aparecen Huell y su amigo en su casa obligándolo a firmar y el muy patético sale corriendo y se mata con la alfombra que desde hacía unos días había decidido comprar (qué grandes pequeños detalles). No pasaría nada si no fuera por la pasta que se ha quedado y que a Walt le falta. ¿Por qué? ahora, ahora.

Con Jesse bajo su ala, Gus va a por Walt. Ya no le interesa el profesor y le ha dado ya demasiados problemas y como aquí los sindicatos no tienen cabida, lo tiene muy negro. La tensión va aumentando hasta que lo captura, lo lleva al desierto y con una amenaza de las que no se dicen por fardar le confiesa que matará a toda su familia. Aquí Walt se olvida de Heisenberg y sale corriendo a buscar a Saul (¿qué harían sin él?), consigue una manera de salvarse y lo único que necesita es parte de su botín, pero… ¡sorpresa! nada por aquí, nada por allá y su salvación se acaba de esfumar. Aquí es donde Bryan Cranston coge el cincel y graba su nombre en el Emmy. Dos minutos para enmarcar.

En estos momentos a Walt sólo le queda matar a Gus, pero ahora va en serio, no como con la ricina del cigarro siempre presente. Y es aquí donde se empieza a gestar la obra maestra de dos capítulos: Brock enferma y a Jesse lo primero que se le ocurre es la ricina, con lo cual va a buscar a Mr. White que lo tiene todo planeado y sólo tiene que actuar. Le hace creer que es todo una jugada del jefe con lo que consigue que se una otra vez a él y cuando se juntan, ni el mismísimo genio puede con ellos. Al principio las bombas lapa caseras no funcionan porque Gus las huele, pero Jesse ha pasado mucho tiempo con él y sabe por dónde se mueve y gracias a eso, llega hasta Héctor Salamanca.

El cártel siempre había estado en un segundo plano en la serie, aunque con sus momentos de protagonismo y siempre presentes. Este año hemos indagado en el origen de la rabia de Gus contra ellos y con la culminación de su venganza en la villa matando a todos los capos envenenándose a sí mismo para conseguirlo. Brutal. Y siempre que perpetraba una venganza, iba a contárselo al agradable abuelo Salamanca que no podía más que mirarlo y maldecirlo por dentro. Este es el único punto débil de Gus, la rabia con el cártel, los únicos sentimientos que de verdad lo trastocan. Así que Walt llega a un trato con el único miembro vivo y lo envía a la DEA para que se vuelva a burlar de ellos (un poco del humor negro característico siempre gusta).

Gus, al enterarse, decide ir a verlo por última vez, porque puede que se convierta en un estorbo más que en una satisfacción el poder restregarle cada muerto. Y al son de la premonitoria canción “Goodbye” de “Apparat” va con Tyrus a matarlo, pero el plan maestro se sigue a la perfección y tanto Walt como Héctor lo tienen dónde querían y con apretar un timbre, todo acaba. Una escena muy efectista con el último ajuste de corbata del elegante jefe.

Todos se enteran de la noticia y Walter pronuncia su “I won”. Fin de Gus, del cártel y de la temporada, con un apretón de manos entre nuestro dúo que aún no sé cómo interpretar. Walter White y su álterego Heisenberg se han fusionado y ya no se sabe quién de todos los personajes es el malo de la película, el único que se salva es Jesse, que presiento que acabará por odiar a su mentor y de hecho, seguro que será uno de los temas principales en la próxima. Se han cerrado muchos hilos y por eso estoy intrigado con la próxima temporada, que será la última y constará de 16 episodios. ¿Veremos algún nuevo antagonista, o lo apostarán todo por Hank, que ve en la explosión la confirmación a su teoría? Yo apuesto más por la segunda, pero con estos fenómenos nunca se sabe.

Se cierra así la que ha sido la etapa más oscura de la serie, con duelos que ya salían de lo local para llegar a lo internacional y con la DEA cada vez más cerca. No sé decir si me gustó más la tercera o la cuarta, es como tener que elegir entre Zidane o Messi, pero lo que sí sé, es que la quinta sobrepasará a Maradona. Lo presiento. Me hubiera gustado describir cada detalle que hacen de Breaking Bad LA serie, pero no me hubiera bastado un libro entero. Así que sólo nos queda esperar a la siguiente ración y escuchar vuestros comentarios.

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