22 – M

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Carteles, carteles y más carteles. Pancartas electorales colgadas de las farolas, panfletos informativos a cada esquina y coches vociferando palabras ininteligibles desde anticuados altavoces a lo largo de las calles de todo el país; sólo falta que nos los metan en la sopa. Mítines aquí, allá y acullá, miles banderitas de izquierdas y de derechas, y supuestas buenas intenciones para poder ganar un voto dominan el panorama actual. Los partidos mayoritarios se adueñan de las calles con su propaganda, mientras que los más humildes no pueden sino en muchos casos resignarse y esperar que alguien se moleste en buscar un poquito y encontrarlos, quizás por pura casualidad. En un marco de supuestas dificultades económicas, PP y PSOE destinan ingentes cantidades de dinero, ya no a darse a conocer, para qué, sino a atacar a su archienemigo, al cual cada vez se parece más. A veces ya ni se distingue PSOE de PP, puesto que los cambios que proponen son, cada vez más, derechistas y favorecedores hacia las clases altas.

En los últimos años la participación electoral se reduce cada vez más. La clase política vigente se está ganando una imagen de mal gusto cada vez más notoria, un resultado que poco a poco hincha de desánimo al ciudadano, que ve cómo tira cada año su voto, pues de todas esas buenas intenciones que prometían los grandes beneficiarios,muchas de esas medidas son (si se llegan a divisar) dos o tres de las prometidas, las cuales por cierto, se hacen casi al final de su mandato (buscando ya esa publicidad, la cual considero bastante contraproducente, para las siguientes elecciones).

Blanco o negro, medio vacío o medio lleno, estás conmigo o contra mí, Barça o Madrid, derechas o izquierdas, PP o PSOE. Vivimos en un mundo dualista, como decía Platón hace más de 2.000 años sobre las cosas del mundo, aunque él lo proyectara sobre otro ámbito. Y es que la situación política actual es, sin duda, y por muchas razones, un reflejo de la personalidad colectiva de la sociedad en que vivimos, en la que ese “ser de unos o de otros” es sólo un rasgo de ésta nuestra compleja personalidad. Se acercan elecciones, y los medios nos ofrecen sondeos sobre cual de los dos se va a hacer con el poder del otro, y nos muestran plazas de toros de todo el país llenas de gente expectante para oír a los líderes de sus partidos; un calco de los clásicos que hemos vivido estas últimas semanas: millones de pares de ojos, un sólo ganador… pero, en el fondo, el juego fue una decepción. Mientras, en el pozo del descenso, a dos jornadas por jugar, media tabla se agarra con uñas y dientes para no caer en la última plaza que queda en el tren a Segunda; pero no hablamos de fútbol, sino de esos partidos políticos luchan por sacar un triste escaño que sirva tan sólo para equilibrar la balanza (vano intento) de los dos de ahí arriba. Pura ilusión.

Mientras, una gran parte de la población apenas conoce uno o dos del resto de organizaciones políticas que se presentan a las elecciones. Amigos, no es de fútbol que estamos hablando (en el que también las cantidades manejadas por Barça y Madrid superan con creces las del resto), estamos hablando del futuro de las vidas de los ciudadanos, pues la decisión de un gobernante puede cambiar nuestros empleos, nuestros hogares, el precio de nuestros alimentos: lo bien o mal que nos vaya a cada uno de nosotros individualmente puede depender de la decisión colectiva del voto en las elecciones.

Hace un tiempo ya que se habla de crisis económica, y se oye también desde hace más tiempo eso de que la democracia es el sistema “menos malo”. ¿Qué es eso de menos malo? El ciudadano de a pie no es ambicioso y, en un mundo en que la información se multiplica en cuestión de pocos años, a la par que se multiplican los transtornos mentales, uno busca más la estabilidad que los grandes cambios, aunque no por eso somos fieles. Es más, no lo somos para nada, sino más bien cobardes. Ante el mínimo cambio, surgen las quejas, sin esperar a las consecuencias: que si Bolonia, que si reforma de las pensiones… las reacciones siempre son las mismas, mucho ruido y pocas soluciones. En mi opinión, la crisis no es de sistema (o no sólo), es de valores, y los valores hay que transmitirlos.

El modelo familiar ha cambiado mucho en las últimas décadas, y hay algunos que cambian de marido o esposa con la misma frecuencia que el poder cambia de manos, cada cuatro u ocho años. Lo que no cambia es la forma, y los valores dictan ser fiel (en los hechos no voy a entrar), y la fidelidad en lo que uno cree lleva a una sola cosa: los extremismos. No importa si extrema derecha, si extrema izquierda; en el espejo, los lados se cambian, pero se reconoce aquello mismo. Y es que el único extremismo que vale es el de los actos; en cuanto a ideología se refiere, hay que ser moderado y flexible. Primero, pensar bien; luego actuar con decisión, y no al revés como se suele hacer: posición extrema, medidas cobardes. Es la eterna tónica de las promesas sin cumplir.

Todo son promesas y cambios, la sociedad debe avanzar y la democracia asentarse, y entonces seremos el progreso y viviremos felices y comeremos perdices. Y por ello, nos debéis votar. Muchos partidos utilizan estos lemas, unas promesas que es difícil que el ciudadano de a pie crea ya, harto de tanta hipocresía, falsedad y vacías palabras que expulsan los trajeados encargados de la sociedad día tras día, bajo una amplia sonrisa de oreja a oreja que no pretende sino dar la impresión de que todo está en orden y que gracias a ellos el mundo va a cambiar a mejor. ¿Gracias a ellos? Creo recordar que en sus albores, la palabra democracia referenciaba a algo así:
“La titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros, haciendo que la toma de decisiones responda a la voluntad colectiva de los miembros del grupo”. Sinceramente, me gustaría ver cuando los políticos responden a la palabra de la mayoría, del pueblo, aquellos a los que se supone, deben representar.

Sin ir más lejos… ¿Por qué quieren echar a los manifestantes que acampan en la Puerta del Sol en Madrid? ¿No es eso, acaso, una manifestación más que clara y contundente de la voz del pueblo?
Pueden acampar pero, eso sí, una centena de colegialas para ver al ídolo POP, Rock o estrella de cine del momento en su visita a nuestro país.

Y la gente se acaba resignando, después de más de una década viendo venir siempre el mismo panorama, dos grandes partidos supuestamente opuestos pero que en el fondo son incapaces de afrontar los problemas comunes con solvencia y eficacia. Tantos fracasos y tanta sinrazón induce al ciudadano a pensar que su voto, en el fondo, no cambiará nada, pues se pasarán la pelota el uno al otro cada cierto tiempo, y antes de las elecciones se tirarán piedras el uno al otro echando los fracasos del mandato anterior en cara, y alzándose como futuros salvadores de la situación del país. Y si traducimos este pensamiento a los millones de habitantes del país, se acaba generando un bucle que no hace sino beneficiar aún más a que éste nefasto bipartidismo que el ciudadano detesta pero al que se resigna y sin más asiente. Es por ello que la mentalidad del ciudadano debe cambiar, el voto personal igual no cuenta, pero miles de votos como el suyo sí que hacen efecto, y es que es el principio fundamental de la democracia. Los políticos no van a aplicar democracia ninguna si el pueblo no se lo exige, y el pueblo se ha resignado a no ser escuchado y casi se ha rendido. Esto no hace más que perjudicarlos aún más, y al final se acaba viviendo en una espiral de infelicidad y de insatisfacción personal por todo el mundo que les rodea y la sensación de que nada ni nadie puede ayudarlos, que nada podrá cambiar.

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Y España finalmente despierta

Cambio. Todo esto puede cambiar. Mi voto igual no es definitorio ni definitivo, pero montones de votos como el mío sí lo serán. Porque si nos abstenemos, o votamos en blanco, les estamos regalando a los grandes partidos el gobierno, y lo saben, y se aprovechan de ello, y nos siguen ninguneando. A ellos les importa poco cuánta participación haya, tal vez cuantas menos personas voten mejor para asegurarse su posición, pues los pocos que voten serán en su mayoría conformistas o seguidores de estos dos partidos, y si no gana uno ganará el otro, y así indefinidamente. Y la gente se está cansando . Ya han aparecido las primeras manifestaciones (un ejemplo claro, nuestros conciudadanos acampados en la Puerta del Sol), y los partidos empiezan a temblequear y a intentar aprovecharse de la situación. Por ello, el voto es importante: ya que el gobierno no escucha la voz del ciudadano, tal vez lo haga a través del voto, cuando vea que el pueblo no quiere que perdure la situación que se ha propiciado; porque el voto puede llegar a ser una herramienta de combate muy efectiva si todos nos ponemos de acuerdo.

En la calle, muchos no llegan a fin de mes y piden a gritos una reforma laboral. Más parados, menos empleo, más diferencias sociales. ¡¿Dónde está esa reforma?! ¿Por qué el pueblo no recibe ayudas? ¿Por qué Hacienda llega a quitar más de un 20% del sueldo? ¿Por qué hay tantos mileuristas? ¿Por qué hay gente en la calle? ¿Por qué cada vez los precios son más altos y los sueldos se congelan, o bajan o últimamente, te quedas sin él?
¿Por qué?

Como decía, es muy fácil criticar a otros, y tanto es así que quien no gobierna, critica. Pero quizá ahora sea momento de autocrítica, de buscar soluciones y no problemas. Quizá sea hora de cambiar de mentalidad, dejar de echar la culpa a los políticos (que no es que no la tengan, es que no por echarlo en cara van a dejar de tenerla), y reconocer la parte de responsabilidad que tiene cada votante en la situación socioeconómica actual.

Todos. Para que esto cambie, el domingo 22, por que esto sólo lo arreglamos nosotros. Los que están ahí arriba disfrutando del poder y amasando grandes fortunas, dudo que quieran cambiar lo establecido. Yo votaré.

¿Y tú, qué harás?

Partidos y Candidatos que se presentan a las elecciones.
· A nivel nacional
· Al parlamento de las Islas Baleares

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4 pensamientos en “22 – M

  1. Es para estar orgulloso.
    Está todo el país unido por una sola causa: hundir a los corruptos y finalmente, tener lo que nos merecemos.
    Este año las votaciones estarán más que reñidas.

  2. que hago si la mayoria de los partidos en baleares son nacionalistas? El Partido Humanista o la UCiD ni estan representados aqui. Solo me queda por optar los Verdes o los Antitaurinos, que solo defienden cierta parte de mi ideologia. Yo voy a votar, pero nadie me representa al 100%. Espero que ni la izquierda ni derecha extrema ganen muchos votos.

    P.D. No voten ni PP ni PSOE

    • Tienes mucha razón, ahora elegir un partido a quién votar es como una carrera de obstáculos: no lo ves nada claro.
      Además no hay de quién fiarse, vale, estos dicen algo que me gusta… Pero si total no lo van a hacer, ¿para qué votarles?
      Estamos ante una fuerte crisis política, estaba claro que esto iba a explotar algún día

    • Aquí en Baleares lo más lógico a mi parecer es “Ciudadanos en Blanco”. Al menos ese escaño no será utilizado por nadie para robar. Visto el panorama corrupto en nuestro archipiélago (el PP se ha puesto las botas con el tema urbanístico aquí).
      El resto, no me dicen nada con sus propagandas idílicas que no solucionan ningún problema, parece que ni se esfuerzan en hacerlas… Como sabiendo que no van a ganar.

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