Granada y la Alhambra

Photobucket¡Estrenamos nueva sección! En “Viajes” os contaremos los sitios que visitamos y las experiencias que hemos vivido en ellos para haceros una idea de lo que os encontraréis y qué ir a ver si vais en vuestras próximas vacaciones.

Empezaremos por uno de los monumentos por excelencia de España, una de las nominadas a ser una de las nuevas siete maravillas: la Alhambra.

Así que sin más dilación, os cuento mi experiencia:

Este fin de semana pasado, aprovechando que una amiga vive allí, mi novia y yo pegamos un salto a Granada con la intención de visitar la Alhambra, algún día se tenía que ir.
Después de un vuelo marcado por unas bonitas turbulencias, llegamos a Granada, aunque demasiado tarde como para visitar nada. Así que llenamos nuestros hambrientos estómagos y nos preparamos para un sábado de visita intensiva (sólo contábamos con el sábado, fue una visita exprés).

La Alhambra

Llega el sábado y con él, nuestra esperada visita.
No os haré de guía, porque puede ser largo, simplemente quiero que os hagáis una idea de cómo se siente al visitar el monumento.
Para evitar problemas a la hora de entrar (es recomendable comprar las entradas por Internet en la página oficial puesto que las entradas se acaban y os podríais encontrar con que no podéis entrar), además, ya que íbamos, queríamos saber que veíamos, así que compramos dos visitas guiadas, que duraban tres horas.

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Los exteriores

Nos reunimos en el punto de encuentro y comenzamos la visita armados con unos pinganillos para oír mejor a nuestro guía, que iba con el transmisor.
Primera visita: los huertos y el Generalife. Primeras impresiones: verde, muy verde.
Hay agua en movimiento por todos lados, la vegetación es frondosa y el aroma a naranjos y cipreses impregna el lugar.

Se respira el arte musulmán por doquier, las paredes están decoradas con miles de detalles que piden tu atención a gritos. Queda claro que los jardines de la Alhambra son un lugar donde dejar la mente en blanco y dejar que la naturaleza te absorba. Las murallas que rodean todo el reciento te hacen entender por qué fue el último reducto musulmán en España, mirar hacia el foso produce un gran vértigo.

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Espectáculo visual

Una vez visitados los jardines, nos dirigimos a los palacios. Colores y formas caleidoscópicas mires donde mires, increíble que algo así tenga 700 años, su estado de conservación es perfecto.

Las salas son una especie de sueño, formas y más formas, todas metafóricas (“estalactitas” que representan la cueva donde vivía Mahoma, representaciones de los siete cielos,…). No fue nominada a ser una de las siete maravillas por nada, no.

Mientras el guía nos iba contando anécdotas, mi novia y yo fotografiábamos cada milímetro. Una maravilla visual.

Las tres horas llegaban a su fin y la resistencia de nuestras piernas también. Agradecimos la genial visita al guía y nos propusimos salir del recinto, hambrientos, con las famosas tapas granaínas en nuestra cabeza.

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Los palacios nazaríes

Aunque hiciera tres horas que no comíamos nada, nos fuimos con un gran sabor de boca.
A mí, personalmente, nunca me había llamado la atención la Alhambra, así que me sorprendió muchísimo la gran impresión que me llevé.
Definitivamente, no te puedes morir sin haberla visitado.

Granada

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Las tabernas siempre rebosantes

Después de dar unas cuantas vueltas y perdernos por los bosques de los alrededores de la Alhambra, nos encontramos con nuestra amiga, que está dispuesta a llevarnos de tapas.
No estamos muy acostumbrados al tapeo, así que esperándonos un sitio donde relajarse y recuperar energía, nos encontramos con un bullicio de locura dentro de las tabernas que visitamos (fuimos a Bodegas Castañeda y La Antigüalla, en calle de Elvira, seguro que hay muchas más, pero estas son las que visitamos y os recomendamos), y para qué negarlo, las tapas sabían a dioses.

La gente hace la vida en la calle, no había lugar que no estuviera lleno, una ciudad muy pero que muy viva.

Fuimos a una tetería de la C/ Calderería Nueva (es como un mercado árabe, tiendas y teterías en una calle bastante estrecha, visita obligada) y subimos al mirador de San Nicolás, el mirador por excelencia para ver una bonita panorámica de la Alhambra.

Después de unas cuestas de infarto (hay microbuses para subir, pero es más interesante hacerlo caminando), llegamos al mirador. Gitanos cantando, hippies vendiendo pulseras y parejas disfrutando de las vistas. Y cómo no, la bonita vista prometida de la Alhambra de fondo.

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Bonita vista desde San Nicolás

Nos graniza y en cinco minutos amaina. Podría haber sido peor.

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Las estrechas calles

Bajando de nuevo al centro, nos enteramos de que al lado de la catedral yacen los Reyes Católicos (cosa que ignorábamos). Ya tenemos un nuevo objetivo.
Esquivamos las gitanas que nos intentan vender romero (supongo que recibimos más de un mal de ojo, pero por lo que más queráis, esquivadlas) y pagamos los 3,50€ que vale la visita a las tumbas.
¿Qué queréis que os diga? Ese sitio desprende un nosequé ancestral que me pone la piel de gallina. Dos espectaculares tumbas delante del altar donde yacen Isabel y Fernando y sus hijos . Bonito sitio donde meditar y saborear el paso del tiempo.

Cansados, hacemos nuestra últimas visita, cualquier horno donde vendieran piononos, el dulce típico y volvemos a casa para hacer nuestras maletas y comer nuestras últimas tapas.

Al día siguiente, volvimos a nuestra tierra, esperando poder volver a visitar Granada con más tiempo y dedicarle a la Alhambra todas las horas que se merece.

Impresiones

Con lo poco que me había llamado la atención Granada y la Alhambra siempre, la sorpresa del fantástico viaje me vino muy de nuevo.

La gente es abierta y hospitalaria, las calles rebosan encanto y vida por todos lados (recordad, la calle de Elvira es una visita obligada) y el tapeo es una forma sabrosa y económica (puedes disfrutar de auténticas delicias por 5€) de saciar vuestra hambre y sed (beberéis como cosacos).

La Alhambra y Grabada nos invitaron a volver a disfrutar de sus vistas, detalles y aromas.

En definitiva, un viaje muy recomendable que no pasará desapercibido a nadie.

No lo dudes, algún día tendrás que ir.

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Un pensamiento en “Granada y la Alhambra

  1. Gran verdad!

    Estuve hace ya varios años en la Alhambra en invierno, y a pesar de ello ya desprendía una imagen espectacular, no quiero imaginar en primavera…no he tenido ocasión de visitar a fondo Granada ni de probar sus tapas, ya que fue un viaje bastante ajetreado y un poco a contrarreloj, pero coincido en que la Alhambra es un lugar que no puedes pasar por alto. Volvería si tuviera ocasión ^^

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