Eduard Punset, nombrado doctor honoris causa por la UIB

Photobucket

Eduard Punset, investido doctor honoris causa

Ayer Eduard Punset, economista, jurista, escritor y divulgador científico (aunque también hizo sus pinitos en política durante la Transición Democrática Española), fue investido doctor honoris causa por la Universidad de les Illes Balears, recomendado por el catedrático Llorenç Hughet de la Escuela Politécnica Superior, por su trabajo divulgador.

Y como no podíamos ser menos, Blocodonia se trasladó hasta ahí para traeros una noticia recién sacada del horno.

¿Y cómo se inviste a alguien doctor honoris causa? Al condecorado se le ofrecen cuatro objetos de la universidad clásica en honor a su tarea en el campo de la docencia: el anillo, el birrete, los guantes y el libro.

  • El birrete — «…para que no sólo deslumbres a la gente, sino que además, como con el yelmo de Minerva, estés preparado para la lucha»;
  • El anillo — «La Sabiduría con este anillo se te ofrece voluntariamente como esposa en perpetua alianza; procura mostrarte esposo digno de tal esposa»;
  • Los guantes — «Estos guantes blancos, símbolo de la pureza que deben conservar tus manos en tu trabajo y en tu escritura, sean distintivo también de tu singular honor y valía»;
  • El libro — «He aquí el libro abierto para que descubras los secretos de la Ciencia (…) helo aquí cerrado para que dichos secretos, según convenga, los guardes en lo profundo del corazón».

Y no es poco merecida la investidura ya que Punset ha tenido el mérito de llegar a los jóvenes metiéndose de lleno en su terreno, la tecnología. Tiene una página de fans de Facebook con más de 417.000 seguidores donde va exponiendo sus ideas periodicamente, tiene un blog, su programa Redes en TVE (lo podéis ver los domingos a las 21.30 en La 2) es seguido por personas de todas las edades y su característica expresividad y aspecto físico lo han hecho un fenómeno de masas.

Da gusto ver como entre tanta mierda televisiva (no hace falta dar nombres, suficiente suenan cada día), aún haya gente como Punset, dispuesta a usar la caja tonta como una herramienta de difusión cultural, en vez de una herramienta de atontamiento general.

Como es digno de ser leído, os hemos transcrito su discurso, palabra por palabra, para que no os perdáis nada, diez minutos de verdades como puños:

(aplausos)

Cualquier excusa es buena para pensar que lo que conviene a una persona no solo es conveniente, sino lo más conveniente. Nos agarramos indefectiblemente a esa excusa para no tener que pensar innovando o cambiando de opinión.
Es sabido que el cerebro recurre a mil triquiñuelas para que no nos demos con la cabeza en la pared. Lo que le importa no es la búsqueda de la verdad, sino sobrevivir, y si para ello es mejor no pensar o seguir pensando como antes, pues tiene una excusa maravillosa para no pensar más.
Esta es la situación real. Tal es así, que los últimos experimentos neurocientíficos, tienden a cuestionar lo que nos empeñamos en llamar decisiones conscientes al enunciarnos que diez segundos antes de optar por una solución, han decidido ya las neuronas nuestras el tipo de decisión que vamos a tomar, sin que nosotros lo sepamos.
Algo parecido ocurre con nuestro sistema motor, que opta por un músculo de una mano o de otra cinco segundos antes de que decidamos activarlo.
Entonces tuve razón de inscribir en la camiseta de mi grupo en Facebook “Ninguna de tus neuronas sabe quién eres, ni le importa”. Le solté al neurocientífico británico John Dyllan, reconocido mundialmente por sus pruebas de resonancia magnética y de imagen aplicadas al estudio del inconsciente.
Tienes toda la razón del mundo, me dijo, a la luz del peso exorbitante del inconsciente, tanto o más complejo que muchos complejos cognitivos considerados conscientes, resulta que estamos más desarmados para enjuiciarnos a nosotros mismos de lo que pensábamos. Y no obstante nos empeñamos en escudriñarnos todo el rato sólo a nosotros mismos, en contemplar minuciosamente nuestros intestinos y decidir a la luz de lo que no vemos, si somos buenos o malos, si estamos predeterminados al éxito o al fracaso, si expresamos empatía hacia el dolor de los demás o si como los psicópatas, no tenemos sentimientos, sobre todo si son ajenos.
¿Tanto nos cuesta aceptar que estamos mejor preparados para enjuiciar a los demás, analizar el mundo de afuera y particularmente a la manada de la que formamos parte, que al significado del estallido de nuestras propias neuronas, a la que siempre llegamos tarde a todo pasado?
¿Tú eres liberal o socialdemócrata? Me preguntó un amigo hace más de 20 años, lo recuerdo perfectamente. Eso lo sabréis los que sigáis vivos cuando mis átomos se hayan descohesionado, no antes.



Este discurso parte de las reflexiones sobre algo fascinante, lo que les pasa a los demás por dentro y en modo alguno a lo que les pasa en las propias entrañas, como suele ser el caso.
Durante años he hablado con los tristes y apesadumbrados para aprender lo que ellos no sabían, las causas del desamor y sus efectos, he conversado con los optimistas que no encontraban a su alrededor nadie lo suficientemente infeliz para cuestionar su futuro, he intentado sugerir a muchos que había vida antes de la muerte y que ahora podíamos si no transformar el mundo como yo había intentado en los años 50, sí transformar con paciencia nuestro cerebro.
Multitud de almas en pena han constatado conmigo que la felicidad es la ausencia del miedo, al igual que la belleza es la ausencia del dolor.
¿Alguien sabe por qué el nivel de fluctuaciones asimétricas de una cara con relación al promedio explica mejor que unos labios gruesos o unas caderas anchas la seducción irresistible? ¿Será posible que no sepamos todavía cómo funcionan los mecanismos de aprendizaje de los demás?
Cuanto más lo pienso más me reafirmo en la convicción de que la pregunta más obvia, la que nos deberíamos haber hecho hace centenares de miles de años para poder sobrevivir, es la de saber que les pasa a los demás por dentro.
Me paran en la calle, escucho su discurso disonante, relativo a por qué son sin serlo lo que son, y me quedo fascinado de que me regalen otra ocasión de profundizar por qué sus neuronas no les hacen ni caso.
Creyeron primero que los dogmas, aunque exigieran sacrificios humanos, podían explicarlo todo. Después descubrieron que el alma estaba en el cerebro, pero que guardaba celosamente todos sus secretos. Y ahora por última, están con razón a la espera de que las resonancias magnéticas, planificadoras de las huellas dejadas en el cerebro por la expresión de sus genes y de su estructura cerebral, de que esas huellas les cuenten la verdad.
¿Cómo se toma una decisión realmente? ¿Qué canales utilizamos para almacenar los recuerdos en la memoria a largo plazo? ¿De qué manera gestionamos nuestras emociones, básicas e universales, con lo único que venimos al mundo? ¿Planificamos los treinta años de vida redundante que nos regala el alargamiento de la esperanza de vida? Y sobre todo, ¿por qué van a disminuir, contra toda evidencia, los índices de violencia de las sociedades del futuro y van a aumentar, están aumentando ya, los índices de altruismo?
Cuando haya concluido esta intervención, se habrá sugerido tal vez nuevos caminos que muy probablemente induzcan a cambiar de opinión y de vida, sabremos explorar mejor, tal vez, las grandes incertidumbres que supuestamente nos acosan, ¿cuáles son esos caminos? Y con eso quiero terminar.
Primero: que estamos programados, es cierto, genética y cerebralmente. Pero programados para ser únicos, porque nos habíamos olvidado del impacto neuronal y genético de la propia experiencia individual, porque ahora podemos transformar nuestro propio cerebro y el cerebro de los demás.
Segundo: hablando de buscar caminos, la felicidad está en la sala de espera de la felicidad, y no debiéramos por lo tanto, menospreciar el bienestar escondido en los a menudo largos itinerarios que conducen a la felicidad.
Tercero: si la felicidad es también la ausencia del miedo, tan verdad es que la belleza es la ausencia de dolor. Lo que delata un rostro o un acontecimiento bello es que el metabolismo de aquel organismo o estructura funciona adecuadamente de acuerdo con las leyes físicas de la simetría.
La gente de la calle queda sorprendida y agradablemente reconocida cuando juntos intuimos algo que no debiéramos haber olvidado nunca, hay vida antes de la muerte. Y parecería lógico que éste pensamiento fuera el que presidiera sus acciones en lugar de seguir escrutando, solo, únicamente si hay vida después de la muerte.
Cuarto: el cerebro, lejos de buscar la verdad, lo que quiere es sobrevivir y de ahí que cualquier disonancia con lo establecido genere su repulsa inicial.
Enfrentado a una opinión distinta, no sólo la repudia, si no que se inhibe para ni siquiera tener que considerarla. Lo contrario le obligaría a reconsiderar todo su planteamiento defensivo y si puede, lo evita y no cambia de opinión, ni por supuesto, de partido (risas).
Quinto: no es correcto intentar definir la inteligencia como se ha venido haciendo ahora, diciendo que los homínidos lo eran, inteligentes, y el resto de los animales, no. Ahora resulta que pueden existir organismos inteligentes en el resto de los animales y humanos que no lo son (risas). Todo depende si se da en estos organismos la facultad de cambiar de opinión, es decir, la flexibilidad. Si son capaces de representar mentalmente una situación porque solo eso les permite predecir cómo se moverán si ven esta representación visualmente y, finalmente si su estructura, su manera de ser, es o no es innovadora.
Sexto: lo importante para innovar no es tanto la disponibilidad de recursos como el conocimiento necesario para progresar. Yo sé que es muy difícil de aceptar esto en tiempos de crisis y de restricciones presupuestarias, pero esa es una verdad, hemos estado acostumbrados a los años del milagro económico, en los que bastaba aportar más recursos para superar dificultades, olvidando que el futuro no dependerá tanto de la cantidad de recursos disponibles como de la tecnología y el conocimiento.
Séptimo: el sistema educativo que dio trabajo a las generaciones anteriores ahora es incapaz de facilitarlo a los jóvenes si no están dotados de las nuevas competencias para abrirse camino, la capacidad de concentración, la vocación de solventar problemas, la voluntad de trabajar en equipo de manera cooperativa y no sólo competitiva, desarrollar la inteligencia social y aprender, por fin, a gestionar sus propias emociones.
Octavo: que el cerebro tiene sexo ya lo sabíamos y que los varones, al contrario de las hembras, irrumpen en la pubertad más tarde y se comportan toda la vida como si tuvieran 12 años (risas). En ellas, el comportamiento infantil desaparece con la edad, mientras que en ellos perdura toda la vida (risas). Lo de menos es la diferencia en el sistema límbico.
Noveno: que ahora sabemos tras numerosas megaencuestas y experimentos científicos las dimensiones de la felicidad sin las cuales es muy difícil que en promedio, se de la felicidad en los humanos.
¿Cuáles son esas dimensiones? Relaciones personales, en primer lugar, control de su propia vida, saber sumergirse y disfrutar del flujo de la vida.
Las tres cosas son imprescindibles para ser feliz, las otras dimensiones sólo muestran cierta correlación con la felicidad en determinadas condiciones: los niveles de renta, por ejemplo, son muy importantes cuando se está viviendo por debajo del nivel de subsistencia.
Décimo: que nadie pretenda sustentar la harmonía en la pareja, reformar el sistema educativo y gestionar el mundo de las empresas sin ser capaces de conciliar entretenimiento y conocimiento, sin fusionar en el mundo moderno los dos conceptos tradicionalmente antagónicos, no puede funcionar la pareja ni puede funcionar el sistema educativo ni puede funcionar la empresa.
Por eso, cuando yo veo a un jefe de división mal carado todo el rato, le digo: vas a llevar al fracaso y a la quiebra a tu propia empresa. Porque se ha olvidado de conciliar, realmente, entretenimiento y conocimiento.
Por último, que el colapso de las prestaciones sanitarias, educativas, de ocio y de dignidad ciudadana a raíz de la necesaria e imprescindible universalización de esas prestaciones, en un mundo cada vez más globalizado, sólo podrá abordarse con éxito desde supuestos radicalmente nuevos de las políticas de prevención.
En lugar de aportar más recursos para hacer frente a las crecientes demandas de prestaciones, la solución pasa también y sobre todo, por la puesta en pie de políticas preventivas que mermen las demandas interiores o futuras.
Muchísimas gracias por vuestra atención.
(aplausos)

Si queréis ver el vídeo, tenemos un enlace que os llevará al Canal UIB donde fue grabada toda la ceremonia.

Punset fue investido por la rectora de la UIB, Montserrat Casas, después de plantar un “Ginkgo biloba“, albaricoque plateado en chino, el único árbol que sobrevivió a la catástrofe de Hiroshima.

Photobucket

Plantando el “Ginkgo biloba“

Desde Blocodonia, muchas felicidades por este merecido homenaje.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s